Diseña por Juan de Herrera sobre los restos de la Colegiata medieval, es buen ejemplo del barroco religioso en la ciudad. Advocada a Nuestra Señora de la Asunción, obtuvo la categoría catedralicia en 1595. Desde entonces ha sido testigo de acontecimientos históricos, incluido un terremoto que derribó una de las torres.
El Conde Ansúrez se muda de sepulcro
El fundador de la ciudad fue posiblemente el primer ilustre en ser enterrado en la ciudad. El conde Pedro Ansúrez, falleció el año 1118, siendo enterrado en la colegiata de Santa María la Mayor. Como señala Antolinez de Burgos:
...el sitio que para entierro escogió el Conde Don Pedro Ansúres fue debajo del coro, el cual estaba en alto antiguamente, y el año de 1552 el cabildo le mudó a la forma que hoy se vé, y el cuerpo del conde fue trasladado a la parte donde hoy está: el año 1556 se abrió el sepulcro para reparar el arco, y se halló su cuerpo armado con su espada y sus espuelas en todo semejante al que allí yace de bulto.
El extenso campo mortuorio de la Colegiata
Valladolid contó con una primera colegiata en los tiempos fundacionales del conde Pedro Ansúrez. Estos restos desaparecieron por la construcción de una segunda colegiata, que son los actuales restos que pueden observarse y que fueron realizados entre 1219 y 1230.
Alrededor del ábside, se disponía el cementerio, llegando los enterramientos hasta el edificio de la Universidad, extendiéndose hacia la calle del Duque de Lerma. Entre los cuerpos recuperados en las excavaciones arqueológicas destacan aquellos que conservan una moneda en la boca, para pagar al barquero Caronte el paso de la laguna Estigia.
Las tenerías de Portugalete
Hasta hace no mucho se pensaba que la cercana calle de los Tintes, que ya aparece en el plano de 1738 de Ventura Seco, debía su nombre a la suposición de que allí se instalaron los tintoreros por la facilidad de verter las aguas procedentes de su actividad en el río Esgueva. Sin embargo, recientes excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en las cercanías de la catedral, situaron las tenerías muy cerca de dicha calle, lo que no descarta que la calle de los Tintes sea realmente el lugar en el que se teñían los tejidos vertiendo sus aguas al río. Existieron además unos lavaderos públicos en el siglo XIX, de uso corriente entre los vecinos del centro de la ciudad.
Vibran las entrañas de la Tierra: el terremoto de 1755
El sábado 1 de noviembre de 1755 tuvo lugar un terremoto con epicentro a 200 kilómetros del Cabo de San Vicente y una magnitud de entre 8,3 y 9 en la escala Richter. La ciudad de Valladolid se estremeció con este movimiento. Las crónicas cuentan que las fuentes dejaron de manar agua por momentos, que los edificios se movían, y la torre de la catedral se agrietó, derrumbándose en 1841.
Ventura Pérez da buena cuenta del incidente su Diario de Valladolid:
Año de 1755, día de Todos los Santos, primero de Nov, a las diez de la mañana poco más o menos, vino un grande terremoto y temblor de tierra […] que toda la ciudad bamboleó […] hasta los mas eminentes edificios […] y torres, como fue la de la Catedral, que del bamboleo que dio sonó el reloj; […] En la Santa Iglesia, a donde yo me hallé en ese tiempo, toda la iglesia se bamboleó, y todos los canónigos echaron a correr y dejaron la iglesia sola, que no quedamos en ella más que el Ilmo. Sr. D. Isidoro Cosío, obispo de ella, su coadatario, un vecino de esta ciudad […] y mi persona
El fundador de la ciudad fue posiblemente el primer ilustre en ser enterrado en la ciudad. El conde Pedro Ansúrez, falleció el año 1118, siendo enterrado en la colegiata de Santa María la Mayor. Como señala Antolinez de Burgos:
Valladolid contó con una primera colegiata en los tiempos fundacionales del conde Pedro Ansúrez. Estos restos desaparecieron por la construcción de una segunda colegiata, que son los actuales restos que pueden observarse y que fueron realizados entre 1219 y 1230.
Alrededor del ábside, se disponía el cementerio, llegando los enterramientos hasta el edificio de la Universidad, extendiéndose hacia la calle del Duque de Lerma. Entre los cuerpos recuperados en las excavaciones arqueológicas destacan aquellos que conservan una moneda en la boca, para pagar al barquero Caronte el paso de la laguna Estigia.
Hasta hace no mucho se pensaba que la cercana calle de los Tintes, que ya aparece en el plano de 1738 de Ventura Seco, debía su nombre a la suposición de que allí se instalaron los tintoreros por la facilidad de verter las aguas procedentes de su actividad en el río Esgueva. Sin embargo, recientes excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en las cercanías de la catedral, situaron las tenerías muy cerca de dicha calle, lo que no descarta que la calle de los Tintes sea realmente el lugar en el que se teñían los tejidos vertiendo sus aguas al río. Existieron además unos lavaderos públicos en el siglo XIX, de uso corriente entre los vecinos del centro de la ciudad.
El sábado 1 de noviembre de 1755 tuvo lugar un terremoto con epicentro a 200 kilómetros del Cabo de San Vicente y una magnitud de entre 8,3 y 9 en la escala Richter. La ciudad de Valladolid se estremeció con este movimiento. Las crónicas cuentan que las fuentes dejaron de manar agua por momentos, que los edificios se movían, y la torre de la catedral se agrietó, derrumbándose en 1841.
Ventura Pérez da buena cuenta del incidente su Diario de Valladolid: