Conocido en el siglo XVIII como el Espolón Nuevo, se trata de uno de los pulmones verdes de la ciudad. Cuenta con una playa fluvial, zona de barcas, cafeterías y es habitual escenario de celebraciones populares, como la noche de San Juan o competiciones deportivas.
Los buzos del Pisuerga
El día 6 de agosto de 1602, Felipe III y su corte se habían desplazado a las orillas del río principal de la ciudad, con objeto de maravillarse con un nuevo prodigio subacuático. El reto consistía en que una persona, Jerónimo de Ayanz, debía sumergirse a 3 metros de profundidad y permanecer un tiempo indefinido bajo el agua probando que el ingenio que había sido inventado y propuesto por él mismo, funcionaba a la perfección.
Toda la ciudad de Valladolid se agolpó en las riberas para observar el acontecimiento. El protagonista de esta historia apareció con una extraña vestimenta, saludó al Rey y a las personalidades y a continuación desapareció en las oscuras aguas del río. Pasan los minutos. El Rey se inquieta ante lo que intuye será la muerte segura de uno de sus hombres más valiosos, que había servido con grandes méritos en la guerra. Todo es silencio y expectación.
Después de la tensa espera y cuando había pasado una hora desde su inmersión, el protagonista, de 49 años y uno de los primeros buzos del mundo (si no el primero), salió a la superficie recibiendo la más gloriosa ovación que nunca se ha oído en el Pisuerga.
El día 6 de agosto de 1602, Felipe III y su corte se habían desplazado a las orillas del río principal de la ciudad, con objeto de maravillarse con un nuevo prodigio subacuático. El reto consistía en que una persona, Jerónimo de Ayanz, debía sumergirse a 3 metros de profundidad y permanecer un tiempo indefinido bajo el agua probando que el ingenio que había sido inventado y propuesto por él mismo, funcionaba a la perfección.
Toda la ciudad de Valladolid se agolpó en las riberas para observar el acontecimiento. El protagonista de esta historia apareció con una extraña vestimenta, saludó al Rey y a las personalidades y a continuación desapareció en las oscuras aguas del río. Pasan los minutos. El Rey se inquieta ante lo que intuye será la muerte segura de uno de sus hombres más valiosos, que había servido con grandes méritos en la guerra. Todo es silencio y expectación.
Después de la tensa espera y cuando había pasado una hora desde su inmersión, el protagonista, de 49 años y uno de los primeros buzos del mundo (si no el primero), salió a la superficie recibiendo la más gloriosa ovación que nunca se ha oído en el Pisuerga.