La acera de Recoletos se concibe a fines del XIX como una arteria que uniera la entonces alejada Estación del Norte, con la ciudad. Su nombre mantiene vivo en el recuerdo a los Padres Agustinos Recoletos, cuyo convento fue destruido por la regularización de la nueva vía. En su lugar, edificios singulares de gran belleza como La Casa Mantilla, La Casa del Príncipe o la Casa Resines permiten admirar muestras arquitectónicas eclécticas que combinan las líneas renacentistas, con la Escuela de Chicago y el beaux art francés.
Un cementerio judío en la Acera de Recoletos
Al igual que musulmanes, existieron judíos en Valladolid durante la Edad Media. Tenían su propia aljama en el barrio de San Nicolás, en las inmediaciones de las actuales calles de Isidro Polo y Mirabel. Durante las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en el ampo Grande, se exhumaron 26 cuerpos con los brazos extendidos junto al cuerpo y las palmas abiertas hacia arriba, siguiendo el ritual hebreo.
A modo de conmemoración, se insertaron entonces algunas placas con letras hebreas, pero destaca una sentencia escrita en español del poeta hebreo andalusí Mosheh Ibn Ezra que dice:
Son tumbas de tiempos antiguos, en las que unos hombres duermen el sueño eterno. No hay en su interior ni odio ni envidia. Ni tampoco amor o enemistad de vecinos. Al verlas mi mente no es capaz de distinguir entre esclavos y señores.
La acera de Recoletos se concibe a fines del XIX como una arteria que uniera la entonces alejada Estación del Norte, con la ciudad. Su nombre mantiene vivo en el recuerdo a los Padres Agustinos Recoletos, cuyo convento fue destruido por la regularización de la nueva vía. En su lugar, edificios singulares de gran belleza como La Casa Mantilla, La Casa del Príncipe o la Casa Resines permiten admirar muestras arquitectónicas eclécticas que combinan las líneas renacentistas, con la Escuela de Chicago y el beaux art francés.
Al igual que musulmanes, existieron judíos en Valladolid durante la Edad Media. Tenían su propia aljama en el barrio de San Nicolás, en las inmediaciones de las actuales calles de Isidro Polo y Mirabel. Durante las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en el ampo Grande, se exhumaron 26 cuerpos con los brazos extendidos junto al cuerpo y las palmas abiertas hacia arriba, siguiendo el ritual hebreo.
A modo de conmemoración, se insertaron entonces algunas placas con letras hebreas, pero destaca una sentencia escrita en español del poeta hebreo andalusí Mosheh Ibn Ezra que dice: